
Domènec Balet Nadal y la Arquitectura Teatral en Barcelona: Liceu, Nuevo Retiro y Teatro Español
Roger Tarrats Balet
En la Barcelona de finales del siglo XIX, la vida social y cultural experimentaba una efervescencia sin precedentes, convirtiendo a los teatros en el auténtico epicentro del ocio de la ciudad. En una época en la que el distrito del Eixample aún no se había densificado por completo, los grandes recintos dedicados al espectáculo eran el punto de encuentro ineludible para los Barceloneses.
En este fascinante contexto histórico destaca la figura del Maestro de Obras Domènec Balet Nadal. Su versatilidad arquitectónica le permitió dejar una huella imborrable en la historia escénica de barcelona, destacando especialmente por el exquisito nivel de detalle que alcanzó en su faceta como interiorista y diseñador.
El genio de Balet demostró un dominio absoluto de los espacios teatrales en todas sus dimensiones. Sus proyectos abarcaron desde la creación de lujosos interiores para el templo de la lírica por excelencia de la ciudad, pasando por la proyección de estructuras colosales para espectáculos de masas con aforos superiores a los 2.500 espectadores, hasta la ingeniosa resolución de accesos urbanos que conectaban las calles con los escenarios ocultos de la ciudad.
A continuación, exploramos tres de sus intervenciones más emblemáticas que definieron la arquitectura teatral de su época.
El Gran Teatre del Liceu: Un Interiorismo de Premio Internacional
El Gran Teatre del Liceu de Barcelona es el templo de la lírica por excelencia y un auténtico superviviente arquitectónico. Tras el devastador incendio de 1861, Domènec Balet ejecutó varios proyectos de interiorismo de altísimo nivel para devolverle la majestuosidad a la sala principal y a otros espacios del teatro.
Entre sus aportaciones más destacadas se encontraban el majestuoso diseño del techo que coronaba el patio de butacas, el diseño del telón del escenario y diversos detalles decorativos. La calidad y el lujo de su obra le valieron el reconocimiento mundial, obteniendo la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y la Medalla de Honor en la Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas de Barcelona en 1896. Aunque un segundo y trágico incendio en 1994 redujo a cenizas estos elementos originales, los arquitectos Lluís Dilmé y Xavier Fabré lograron reinterpretar fielmente la esencia de los diseños decimonónicos de Balet en la reconstrucción actual.
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Teatro Nuevo Retiro (Teatro Gayarre): El Coloso Efímero de Barcelona
Mientras que el Liceu representaba la solemnidad, los teatros de verano eran vitales en la vida social de la época. En 1889, Domènec Balet, junto al arquitecto Claudi Duran Ventosa, inauguró el Teatro Nuevo Retiro, un inmenso recinto situado en la confluencia de la Ronda Universitat con Rambla Catalunya.
Este coliseo fue concebido para el espectáculo de masas, contando con un aforo superior a los 2.500 espectadores, 16 palcos exclusivos y un vestíbulo semicircular. En 1890, tras la repentina y trágica muerte del legendario tenor navarro Julián Gayarre, la conmoción llevó a rebautizar el recinto como Teatro Gayarre en su honor. A pesar de su grandeza, su existencia fue muy breve; cerró sus puertas definitivamente a principios de 1892 y sobre su gran solar se construyó la actual Casa Agustí Manaut, borrando todo rastro físico del teatro.
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Conclusión
En definitiva, el recorrido por estas tres obras demuestra que Domènec Balet no solo construía espacios, sino verdaderas experiencias vitales para la sociedad de su tiempo.
Aunque la implacable transformación urbanística derribó el colosal Teatro Nuevo Retiro y la entrada del Teatro Español, y el fuego consumió los materiales originales del Liceu, el legado de Domènec Balet trasciende lo físico. Su esencia no solo perdura en la memoria histórica de Barcelona, sino que sigue viva hoy en día gracias a la fiel reconstrucción de los majestuosos techos del Gran Teatre, la cual nos permite seguir admirando su innegable genialidad.
Hoy, las huellas de su ingenio siguen siendo una pieza clave para comprender cómo aquella incipiente Barcelona se consagró definitivamente como una gran capital del espectáculo.
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La entrada al Teatro Español: El Pasaje de la Casa Pere Llibre
El talento de Domènec Balet también se aplicó a resolver la integración de los flujos de espectadores en el denso tejido urbano, como demuestra su proyecto de 1871 en el número 24 del Paseo de Gracia. Para responder a la demanda de una burguesía que buscaba lo exótico, Balet diseñó un conjunto arquitectónico de estilo neomudéjar formado por dos fincas idénticas: la Casa Pere Llibre y su gemela, la hoy desaparecida Casa Vilumara (demolida en 1915).
La genialidad de este proyecto radicaba en que ambas casas estaban unidas por una gran puerta principal que daba acceso a un pasaje divisor, conocido hoy como Pasaje Maria Canals. Justo al final de este pasaje se encontraba el Teatro Español, inaugurado en 1870 y proyectado originalmente por el arquitecto Antoni Rovira i Trias.
Balet diseñó esta imponente entrada para conectar la calle principal con el teatro, escondido en el interior de la manzana. En la fachada del pasaje, a cada lado de la puerta principal que lucía el rótulo del teatro esculpido, Balet integró dos pequeñas ventanas que hacían la función de taquillas para la venta de entradas. Tras un incendio en 1889, el local del Teatro Español tuvo muchas vidas: fue reconstruido como el Jardín Español, más tarde funcionó como fábrica de curtidos, luego como garaje y concesionario, y hoy alberga el conocido restaurante El Nacional.
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