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Historia y curiosidades de Vallromanes: El vínculo centenario con la familia Balet

Para muchas personas, Vallromanes es sinónimo de tranquilidad, naturaleza y desconexión. Sin embargo, detrás de sus paisajes se esconde una rica historia de arraigo en la que algunas familias han dejado una huella imborrable. Este es el caso de la familia Balet, cuyo vínculo con el municipio se remonta a finales del siglo XIX, entrelazándose con el desarrollo arquitectónico, social y cultural del pueblo.

A lo largo de las décadas, la presencia de diferentes ramas de los Balet en Vallromanes ha dejado pequeñas anécdotas y curiosidades históricas que ayudan a trazar la evolución de esta localidad del Vallès.

El inicio: La Torre de Can Balet y el "estiueig"

La relación comenzó cuando el maestro de obras Domènec Balet i Nadal adquirió dos fincas en la zona. Con su visión arquitectónica, vio en este entorno el lugar ideal para proyectar algo completamente diferente al paisaje agrícola de la época. Así nació la Torre de Can Balet, una edificación de marcado estilo suizo que contrastaba fuertemente con las masías tradicionales.

Aquel proyecto no solo fue un hito arquitectónico, sino que marcó uno de los primeros pasos de lo que hoy conocemos como el estiueig. Vallromanes empezó a perfilarse como un refugio de aire puro, transformando para siempre su dinámica local.

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Vida de pueblo: La pica bautismal y el antiguo salón de baile

Pero la relación de Domènec Balet con Vallromanes fue mucho más allá de la construcción de su residencia de veraneo y explotación agraria; se implicó activamente en la vida de la comunidad.

Una de las curiosidades históricas menos conocidas es que la pica bautismal de la iglesia de Vallromanes fue una donación directa suya. Además, consciente de la importancia de fomentar la convivencia y la cultura entre los vecinos, habilitó un espacio similar a un granero como sala de baile para la celebración de actividades. Era una forma de contribuir al bienestar de un municipio que ofrecía a su familia en un entorno privilegiado.

Las cicatrices de la historia: Can Forquilla y la Cooperativa fantasma

Como ocurre en muchos municipios, la historia local también refleja los capítulos más convulsos del país. Durante los años de la dictadura, Fernando Balet Benavent protagonizó un episodio amargo dictado por las presiones del momento. En aquella época, los falangistas habían ocupado los bajos de su emblemática casa de Can Forquilla para albergar el Sindicato de Agrícola.

Para lograr desalojarlos de allí, se vió forzado a la cesión mediante un precio simbólico, de un terreno que formaba parte de su finca de Can Poal.

En ese mismo lugar, es donde se construyó el edificio de lo que antiguamente se llamó el Sindicat Agrícola (actualmente conocido como Cooperativa Agrària i Forestal o Cambra Agrària. Un recinto que hoy muchos vecinos conocen bien porque lleva años sin actividad, convertido en una especie de "cooperativa fantasma" que permanece en el paisaje urbano como un recordatorio mudo de aquellos tiempos difíciles y de los peajes que la familia tuvo que asumir.

En la actualidad, el futuro de esta histórica parcela vuelve a estar en el centro del debate municipal. En 2014, el equipo de gobierno del Ayuntamiento inició conversaciones con los propietarios para adquirir el terreno y el inmueble —clasificado como equipamiento público y con un valor catastral de unos 53.700 euros— con el objetivo de destinarlo a los niños y jóvenes del pueblo. No obstante, la propuesta generó controversia política; desde la oposición, grupos como ICV tildaron la maniobra de "expropiación", criticando duramente que se utilice a la juventud local como argumento para justificar esta acción sobre la propiedad.

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La siguiente generación: Del Club de Golf de Vallromanes al Casal de Cultura

El profundo arraigo con el municipio continuó con las siguientes generaciones, que siguieron pasando largas temporadas en la localidad y participando activamente en su evolución.

Dos de los nietos de Domènec Balet jugaron papeles clave en el desarrollo moderno del pueblo. Por un lado, Alberto Duran Balet fue uno de los entusiastas promotores que impulsó el nacimiento del histórico Club de Golf de Vallromanes, un espacio que con el tiempo se ha consolidado como un emblema deportivo de primer nivel.

Por otro lado, Fernando Balet Benavent facilitó a los vecinos un espacio vital para la vida comunitaria cediendo el terreno necesario para que Vallromanes pudiera tener su propio Casal de Cultura. Este lugar permitió a generaciones enteras reunirse, crear lazos y hacer pueblo.

Sala de baile Vallromanes frente a la Iglesia

Pica bautismal de la iglesia de Vallromanes

Torre de Can Balet en Vallromanes proyectada por el Maestro de Obras Domènec Balet Nadal

Los bisnietos: Tejido social y deporte de élite

La implicación de los descendientes de Domènec Balet con Vallromanes no se detuvo y continuó fortaleciéndose a través de sus bisnietos, quienes aportaron valor a la comunidad en épocas más recientes.

En la década de los 90, el compromiso social tomó forma de la mano de Montserrat Balet Gil, quien fue una de las impulsoras en la creación de la Asociación de Mujeres de Vallromanes La Brúixola que en 2022 celebró su 25 aniversario. Esta iniciativa resultó fundamental para dinamizar el tejido asociativo local, uniendo a las vecinas y fomentando la participación activa de la mujer en la vida del municipio.

Por su parte, en el ámbito deportivo, Alberto Duran Biosca recogió el testigo de su padre, mencionado antes como uno de los fundadores del Golf. Durante años asumió la presidencia del Club de Golf de Vallromanes, una etapa de consolidación para la institución que posteriormente le llevó a ser elegido presidente de la Federación Catalana de Golf. Desempeñó este cargo entre 2005 y 2017, un periodo en el que fomentó la creación de nuevos campos en Cataluña.

Un legado integrado en el paisaje

Repasar estas curiosidades es una manera de mantener viva la memoria de Vallromanes. La historia de la familia Balet está indisolublemente unida a los caminos, los edificios y la evolución social de este rincón del Vallès. Un vínculo centenario que demuestra cómo la arquitectura, el fomento del deporte y el compromiso vecinal pueden moldear de forma positiva el alma de un pueblo.

Foto aérea de Vallromanes y marcado en verde el terreno cedido al Casal de Cultura de Vallromanes

Can Forquilla

Cooperativa Agrària i Forestal

El impulso al comercio local: De Can Poal a Queviures Guàrdia

Otro aspecto fundamental en la vida cotidiana de cualquier municipio es el desarrollo de su comercio local. En este sentido, Can Poal también jugó un papel curioso. Antiguamente, la primera tienda de comestibles de Vallromanes estaba ubicada precisamente en el interior de esta histórica masía del s.XV.

Con el paso del tiempo y el crecimiento del pueblo, surgió la necesidad de contar con espacios comerciales más accesibles e independientes. Fue entonces cuando Fernando Balet Benavent vendió una parcela segregada de la finca de Can Poal a la familia Guàrdia. En ese terreno, la familia pudo construir su propia tienda de comestibles, conocida popularmente y con cariño como "Cal Barber". Un establecimiento histórico que forma parte de la memoria viva del municipio.

Vallromanes - Vista de l'església, sala de ball i tenda de comestibles" (Any 1911)

Entrada sala de baile Vallromanes

Queviures Guàrdia Vallromanes

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